Capítulo 2 – Libro del Calabozo
Casa del Conde Bayer.
Una de las doce casas del norte que protegen el reino de Sailun, y una prestigiosa familia marcial famosa por producir generaciones de poderosos caballeros.
Sir Victor Cromwell, antiguo caballero retirado y leal servidor de la familia Bayer, no pudo evitar que se le humedecieran los ojos al ver la escena frente a él.
—Haah... kugh... kuoff...
Yuder Bayer, llamado la preocupación de la casa Bayer, un enfermo que solía tener dificultades incluso para vivir el día a día debido a la parálisis de los nueve meridianos… estaba corriendo por el campo de entrenamiento.
Aunque, claro, jadeaba como si fuera a morir en cualquier momento.
—Realmente… es una bendición del cielo...
Había escapado con su prometida a la luz del día —bueno, técnicamente—, y en ese lugar obtuvo un artefacto sagrado, y no cualquier artefacto: uno del dios solar Solari, útil incluso para curar su condición.
Demasiado increíble para ser simple coincidencia, pero tan improbable que no se podía explicar de otra forma. Un verdadero milagro.
—Oh, Ascantor... gracias por velar por la casa Bayer.
Victor oró al dios de la guerra Ascantor, y con una sonrisa volvió a mirar al joven.
Yuder, con la cara completamente roja, doblaba la última curva del recorrido.
Diez vueltas al campo de entrenamiento.
Una rutina de calentamiento para un caballero promedio. Pero para Yuder, esto era un avance enorme.
Apenas una semana atrás, ni siquiera podía completar una sola vuelta.
—Haah… huff... kugh...
A duras penas mantenía la forma al correr, y al terminar la última vuelta, prácticamente se desplomó en el lugar.
—Gugh...
El cielo parecía dar vueltas.
Su mente estaba en blanco.
—Aaagh...
Terminó completamente tumbado. Estaba empapado, como si se hubiera lanzado a un río.
—Haah...
Pasó un rato.
Cuando logró recuperar el aliento, por fin pudo volver a pensar con claridad.
‘Me voy a morir.’
Diez vueltas al campo.
Sería, con suerte, un kilómetro de distancia.
No era exactamente corto, pero tampoco tan largo.
‘Aun así...’
Una sonrisa apareció en el rostro de Yuder.
Podía sentirlo claramente. Su cuerpo estaba mejorando.
‘El Collar del Sol.’
Aún colgaba de su cuello.
A diferencia del Solárium, que inyecta de golpe una enorme cantidad de energía solar, el Collar del Sol liberaba su poder lentamente, pero de forma constante.
La parálisis de los nueve meridianos se debía a un frío extremo que bloqueaba la circulación de energía en todo el cuerpo.
Pero ese calor solar estaba derritiendo poco a poco ese frío, y los síntomas de la enfermedad comenzaban a aliviarse.
Y eso no era todo.
El encuentro entre la energía solar y la energía extrema del frío generaba una nueva energía pura y refinada.
Aunque Yuder aún no podía cultivar esa energía ni manejar su "corazón de maná", todo eso se estaba acumulando dentro de él.
Y cuando llegara el momento... si lograba absorberlo por completo, obtendría una fuerza considerable.
—Joven amo.
Escuchó la voz y movió los ojos. Frente a él, Victor sonreía de oreja a oreja.
Ya retirado por su edad, no había podido acompañar al Conde Bayer en la campaña, pero seguía igual de fuerte y vigoroso.
—He visto con mis propios ojos cómo alcanzó su objetivo sin rendirse hasta el final. El conde estará muy feliz cuando regrese.
Y no era un cumplido vacío.
Yuder había estado jadeando como si fuera a morir, pero aun así completó el recorrido.
Victor no solo valoraba la mejoría física. Admiraba profundamente su determinación.
‘Un Bayer sigue siendo un Bayer.’
Su fuerza había estado oculta bajo esa maldición, pero estaba claro que Yuder también heredaba el espíritu de los Bayer.
—Si se recupera un poco más, podrá aprender las artes marciales de la familia. Solo de imaginarlo... jeje, aunque estoy viejo, se me acelera el corazón.
Victor no era hombre de muchas palabras.
Pero su comentario fue sincero y cálido, y Yuder le respondió con una sonrisa.
‘Las artes marciales de la casa Bayer...’
Como personaje jugable, Yuder también tenía sus propios puntos de crecimiento.
Y una de esas claves era precisamente el arte marcial heredado de su casa.
Hoy en día, su familia apenas mantenía su puesto entre las doce casas del norte, pero en otros tiempos, habían sido líderes indiscutibles, con el título de marquesado fronterizo.
Y su arte marcial estaba a la altura de ese legado.
‘Artes marciales, ¿eh?’
No era solo una técnica física, como en el mundo real. Era más como una habilidad sobrehumana, potenciada con energía interna. Algo que casi podía llamarse magia.
Con ángeles, demonios y hechicería siendo reales en este mundo, no era raro. Pero igual le parecía asombroso.
—Muy bien, joven. Por hoy es suficiente. No es bueno exigirse demasiado. Recuerde que descansar también es parte del entrenamiento.
Yuder se puso de pie, apoyado en la enorme mano de Victor, y asintió mientras regulaba su respiración.
‘Una semana.’
Ya había pasado una semana desde que obtuvo el Collar del Sol tras el incidente en el río Lunar de la Luna Roja.
En tres días más se levantaría la prohibición de salir... Era hora de planear lo siguiente.
‘Si estuviera solo, ni me lo plantearía.’
Lo que quería conseguir después del Collar del Sol...
Aunque su objetivo final con Cordelia era detener el Gran Ritual de Invocación y evitar el Armagedón entre ángeles y demonios, todavía no podían hacer movimientos tan grandes.
‘No tenemos el poder necesario.’
Con un enclenque que apenas podía correr y una maga de nivel uno... ¿qué podían hacer?
Así que era el momento de reprimir la prisa y concentrarse en construir las bases para su crecimiento.
‘Si estamos juntos, lo lograremos.’
Gracias al río Lunar, había subido de nivel. Si estaba con Cordelia, podían pasar al siguiente paso.
‘Aunque...’
¿Cómo contactarla?
No es que no tuvieran un medio para hacerlo. Solo que le daba vergüenza.
‘A Maia le va a encantar esto…’
La última vez, tras su escapada, aunque decía regañarlos, le brillaban los ojos de orgullo.
‘Mi adorada y brillante... no, Cordelia.’
Yuder, que empezaba a escribir mentalmente su carta de amor, ya tenía el rostro hecho pedazos.
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A la mañana siguiente, casa del conde Chase.
Cordelia estaba en medio de su entrenamiento de meditación para fortalecer su corazón de maná, cuando de repente se estremeció y abrió los ojos.
Sintió un mal presentimiento.
‘¿Qué... qué fue eso?’
Desde su época como Tormenta Amarilla, su intuición era brutal, casi sobrenatural.
Y si algo así lograba sacarla del estado de meditación, no podía ser bueno.
Y entonces lo vio.
—Señorita.
Su guardaespaldas, Dalia Faye.
Se acercaba con una sonrisa que no era sospechosa... era directamente ominosa.
—Da... Dalia...?
¿Por qué?
¿Por qué sonreía así?
Bueno, la verdad es que se lo imaginaba.
Había visto esa cara muchas veces durante la semana, y siempre que aparecía, salía el nombre de "Yuder Bayer".
‘No será el comportamiento de una doncella decente, pero yo apoyo su amor, señorita.’
Eso fue lo que le dijo Dalia después del castigo por su fuga diurna.
Lo recordaba palabra por palabra, como si le hubieran taladrado el cerebro.
‘¡¿Por qué rayos vuelves a mirar así?!’
Seguro venía otra locura.
Cordelia sonrió incómoda, y Dalia asintió como si todo tuviera sentido.
—Señorita, tiene la carita demacrada. La entiendo.
—¡Y que conste que es porque entrené duro! ¡No es por otra cosa!
—Jejeje... claro que sí.
Lo decía, pero su mirada decía lo contrario.
Claramente estaba pensando en cualquier otra cosa.
‘Ugh, maldito Yuder.’
Si no fuera por aquel día y sus malditas frases vergonzosas, Dalia no estaría tan convencida de ese maldito romance.
Y no solo Cordelia fue castigada por la fuga.
Dalia también recibió una sanción por no cumplir su labor de escolta, y aun así... seguía con esa actitud.
‘Claro, si es como una hermana mayor.’
Así como Maia era una hermana para Yuder, Dalia lo era para Cordelia. Se conocían desde niñas.
‘Pero... ¿esto no es venganza?’
Y justo cuando lo pensaba, Dalia volvió a hablar.
—De todos modos, señorita. Traigo buenas noticias para usted.
—¿Buenas noticias?
—Sí, muy buenas.
—¿Qué… qué cosa?
—Jejeje. Noticias del joven Yuder, por supuesto.
Con una risita animada, Dalia sacó una carta de su pecho y se la tendió.
—Una carta de amor calientita recién llegada.
¿Carta de amor...?
Solo con escuchar eso, a Cordelia se le erizó la piel.
Aunque, para qué mentir, también se alegró.
Después de todo, había pasado casi una semana sin noticias del outboxer.
—Vamos, léala.
Dalia la miraba con ojos brillantes.
Cordelia puso cara de dolor, pero abrió el sobre.
“A la amada señorita Cordelia.”
No pudo ni con la primera línea.
Pero se armó de valor y se lo tragó.
Sabía que no era una simple carta de amor. Tenía que haber algo escondido.
‘¿Un mensaje vertical? ¿O en diagonal?’
Con ese pensamiento, fue leyendo cada línea empalagosa —claramente revisada por Maia—, hasta que sus ojos se agrandaron.
No por un mensaje oculto.
Sino por la frase final, escrita sin adornos ni trucos, solo en coreano:
“Nos vemos dentro de dos días a las 2 p.?m. en el templo de Varuna.”
‘¿Eh? Vaya, sí que pensó bien.’
En Pleiades, solo ella y el outboxer sabían leer hangul. Era un cifrado perfecto.
‘Pero… ¿el templo de Varuna?’
La fecha tenía sentido: justo cuando terminaría su castigo.
Pero la ubicación... le llamaba la atención.
Varuna, dios de las sombras.
Guardián de los secretos. Vigilante.
Había un pequeño templo en su ciudad, usado por quienes buscaban confesarse en privado.
‘¿Había algo allí?’
Si propuso ese sitio, debía tener un motivo.
Cordelia intentó recordar... pero no se le vino nada a la mente.
‘En fin, el problema es...’
Dobló con cuidado la carta y miró de reojo a Dalia.
Y sí, tal como temía.
Dalia la miraba con los ojitos brillando.
‘No quiero decirlo. ¡De verdad no quiero decirlo!’
Pero no tenía opción.
Aunque se acabara la prohibición, si quería salir de día, tenía que llevar a Dalia consigo.
—Dalia.
—Sí, señorita.
—Es que... dentro de dos días...
—¿Sí? ¿Va a tener una cita secreta con el joven Yuder apenas acabe su castigo?
—¿Eh...? ¿C-cita?
—Aah... Parece que el joven Yuder estaba impaciente. Citarla justo el mismo día. ¡Qué ardientes!
Cordelia quedó en blanco por un momento, pero asintió.
Al fin y al cabo, tenía que ir.
Aunque le molestaran los malentendidos, no había alternativa.
—De todas formas... iré al templo de Varuna.
—Oh, qué lugar tan adecuado. Una cita secreta en el templo del dios de los secretos. Esta vez, no se escapen. Les dejaré un ratito a solas.
Dalia incluso le guiñó un ojo con una sonrisa.
¿Cómo decirlo...?
Aunque su ayuda era útil, sentía que la estaba ahorcando con una cuerda invisible.
Cordelia cerró los ojos... y soltó un laaaaargo suspiro.
Por su paz mental.
Pero Dalia lo interpretó diferente.
‘Vaya, qué alivio siente la señorita.’
Por fin iba a ver a su amado Yuder.
Después de toda una semana en aislamiento, solo entrenando para no pensar en él.
¿Desde cuándo su amor había crecido tanto? No lo sabía.
Pero en el amor, lo que importan no son los días, sino los momentos compartidos.
‘Le ayudaré en todo, señorita. ¡Ánimo!’
Dalia la miró con ternura, justo cuando Cordelia abrió los ojos y pensó, sobresaltada:
‘¿Qué rayos le pasa ahora? ¡¿Qué película se está montando?!’
Pero no lo dijo en voz alta.
Le daba miedo preguntar.
—En fin. Es dentro de dos días. Que no se te olvide.
—Sí, señorita. Dos días no es poco, pero... aguante un poquito más, ¿sí?
Lo dijo en tono tierno, pero no fue nada tierno.
¿¡Aguantar qué!?!
‘¡Preferiría morir antes!’
Cordelia asintió sin ganas y dejó caer los hombros.
---
Fin del Capítulo 2 – Libro del Calabozo
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