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Capítulo 1 – Pléyades #4

&

A la mañana siguiente.

Yuder se despertó entre quejidos y pensó:

—‘Soy un completo debilucho.’

Aunque Cordelia le había dado una curación, el síndrome de los nueve pulsos seguía siendo el síndrome de los nueve pulsos.

Se levantó sintiéndose más pesado de lo normal, con la cabeza aturdida.

—‘Definitivamente tengo que apurarme.’

No podía esperar ni un mes, mucho menos medio año. Tenía que curarse cuanto antes.

—‘No hay tiempo.’

Aunque aún faltaban varios años para el Gran Festival de la Invocación, ese no era el único problema.

En Crónicas del Héroe 2, había toda clase de eventos especiales e ítems repartidos por el mundo. Todos esos seguían “abandonados” en este mundo real, lo que significaba que cualquiera que no fuera Yuder o Cordelia podía conseguirlos antes.

De hecho, en el propio juego, si no llegabas a tiempo, algún personaje irrelevante se los llevaba. Y si eso pasaba en el juego, aquí en la vida real iba a ser mucho peor.

Con un cuerpo que se descompensaba solo por pasear un rato por el jardín, sus opciones eran muy limitadas.

Tenía que volver a nacer con un cuerpo sano lo más pronto posible para comenzar su estrategia óptima.

—‘Bien, lo primero será enviar la solicitud para... no una cita, ¡una misión!’

Manteniendo con esfuerzo la compostura después de que Cordelia aceptara su propuesta, Yuder se levantó de la cama para empezar su rutina matutina.

Levantarse. Lavarse. Desayunar.

Normalmente también pasaba a saludar a sus padres, pero hoy tanto su madre como su padre estaban fuera de la mansión.

—‘Eso facilita enviar la solicitud de la misión, je.’

Ya que iban a salir en carruaje, algo parecido a una cita—perdón, paseo escolar—, normalmente no le hubieran dado permiso por lo débil que era su cuerpo.

—‘Aunque claro, dudo que sea fácil esta vez también.’

Tras terminar de desayunar y regresar a su habitación, Yuder echó un vistazo de reojo. Tal vez por la conversación sospechosa del día anterior con Cordelia, Maia lo miraba distinto.

Una mezcla de preocupación, duda y ese típico "¿se volvió loco mi joven amo?" brillaba en sus ojos.

—‘¿En serio tengo que decir que quiero invitar a Cordelia a una cita en carruaje? ¿A la Tormenta Amarilla, precisamente?’

Ahora que lo pensaba... ¿cómo se supone que se hacía una invitación de este tipo?

No era como en el mundo real donde le mandabas un mensaje por chat, hablaban un rato y se encontraban el mismo día.

—‘Aunque... supongo que es parecido.’

Si recordaba bien, se mandaba una carta solicitando una reunión al Conde Chase. Si el conde y Cordelia aceptaban, entonces fijaban una fecha.

—‘Va a tardar al menos dos días.’

No había remedio. Aunque estaban comprometidos, ambos seguían siendo menores de edad, y uno encima estaba medio moribundo.

—“Maia.”

—“Sí, joven amo.”

—“Verás... quiero…”

—“Sí, dígame.”

—“Quiero pedirle a Cordelia una... una misión. Digo, una cita. Digo... un paseo en carruaje, por algún lugar bonito con montañas y ríos y... además, ¡ayer! Sí, ayer vino a visitarme y ni siquiera pudimos hablar bien.”

¿Por qué tenía que expresarlo así? ¿Por qué justo con la Tormenta Amarilla?

Le daban ganas de meterse en un agujero de lo fuerte que le latía el corazón, pero en ese momento lo importante no era su vergüenza, sino el apoyo de Maia.

Aunque sus padres no estuvieran, eso no significaba que pudiera hacer lo que quisiera.

Sin la ayuda de Maia, que tenía buena reputación dentro de la familia y era prácticamente como una hermana mayor para él, salir de la mansión era imposible.

Por eso, Yuder la observó con ojos suplicantes.

Ya había soltado suficientes "tonterías" en casa estos días. Si le decía que mejor descansara tranquilo...

—‘¡Por favor, Maia, te lo ruego! ¡No me hagas repetir que quiero tener una cita con la Tormenta Amarilla!’

¿Será que su plegaria fue escuchada?

Maia no puso cara de piedra. Al contrario, sonrió suavemente y asintió.

—“Entiendo. Vamos a prepararlo.”

Y volvió a sonreír, pero... de alguna manera...

Era esa sonrisa que decía: “Ah, ya veo. En realidad querías acercarte a Cordelia. Ayer solo estabas nervioso. Pensé que ya eras un adulto, pero sigues siendo un niño... o quizá sí creciste, y por eso pasa esto. Ufufu~”

—‘¡No! ¡No es lo que estás pensando!’

Pero no tenía cómo negarlo sin quedar aún peor.

—“Entonces, escribamos la invitación. ¿Qué te parece empezar con ‘Querida Cordelia, a quien aprecio profundamente’?”

Maia Tantalot.

Doncella personal de Yuder Bayer.

Conocida como la "princesa de hielo" por su rostro frío, pero en realidad es una entrometida con corazón de tía chismosa.

—“E-está bien...”

Con un largo suspiro, Yuder tomó la pluma y empezó a escribir una carta de amor para la Tormenta Amarilla.

&

Dos días después.

El carruaje doble partió de la Casa Chase, pasó por la Casa Bayer y ahora se desplazaba alegremente por la carretera que llevaba a las montañas Belkain.

Dentro del carruaje iban cuatro personas:

Yuder Bayer, segundo hijo del Conde Bayer, y su doncella Maia Tantalot.

Cordelia Chase, segunda hija del Conde Chase, y su guardaespaldas Dalia Ayl.

Los dos grupos estaban sentados frente a frente.

Es decir, Cordelia estaba sentada justo frente a Yuder.

—‘¿No te gusta? Pues a mí tampoco.’

Cordelia también había respondido a la carta de amor de Yuder.

Y como iban juntos en carruaje, la suya también era una carta de amor.

—‘Lo entiendo. Yo también me sentí igual escribiéndola.’

Pero en vez de suspirar, Yuder esbozó una leve sonrisa. Todo por el aspecto de Cordelia sentada frente a él.

—‘¡Se vino full equipada!’

Después de todo, era un paseo con su prometido para ver flores.

Llevaba un gran sombrero para protegerse del sol, un vestido blanco que resaltaba su cabello rojizo con matices rosados. Era un vestido largo, con muchas capas y encajes pesados.

Y no es que no le quedara bien.

Cordelia era una belleza reconocida por todos.

La verdad, si uno ignoraba que era la Tormenta Amarilla, uno se pondría a aplaudir de lo guapa que era.

—‘Si no fuera la Tormenta Amarilla, claro.’

Pero al pensar que esa chica preciosa era la misma que decía “¡mierda!” como si fuera una exclamación, a Yuder le daba risa.

—‘Bueno, yo tampoco me quedo atrás.’

Él también había salido vestido con todo lo mejor. Además, Yuder era un chico guapísimo. Por eso Cordelia no podía dejar de ruborizarse.

—‘Tormenta Amarilla... siempre fiel a tus instintos. ¡Una bestia!’

—‘¿Qué estás mirando? Mira quién habla, ¡si hasta los ojos se te pusieron rojos!’

Solo se cruzaron una mirada, pero parecía que se leyeran la mente.

Maia y Dalia, mientras tanto, los miraban con sonrisas satisfechas.

—‘Qué buena pareja hacen.’

—‘Los dos son adorables.’

Confundiendo sus miradas afiladas con miradas tiernas, sus sonrisas se hicieron más profundas.

Así, después de medio día de viaje, el carruaje llegó a su destino: a medio camino de la montaña Belkain.

&

—“El... el clima está muy agradable, ¿no cree?”

—“Sí, las flores están preciosas. Aunque, claro, no tanto como usted, señorita Cordelia.”

—“A-ay, qué cosas dice. ¡Me hace sonrojar!”

Intercambiaron frases tan naturales como si estuvieran leyendo un libro de primaria, y tras alejarse un poco de Maia y Dalia, ambos soltaron un profundo suspiro.

—“¡Mierda, no puedo más!”

—“No me molesta que digas mierda, pero sonríe, que se te nota la cara.”

—“Ay, mierda. ¡Mierda de verdad! Esto es una mierda.”

Yuder se sentía miserable. Pero al mismo tiempo, su corazón se aceleró un poquito al verla antes de que soltara tantos “mierda”. Se odiaba por eso.

—“En fin, al menos ya llegamos.”

—“¿Y ahora qué? Aún falta bastante para llegar al sello.”

—“Tengo un plan. ¿Trajiste todo lo que necesitábamos?”

—“¿Quién crees que soy?”

—“La Tormenta Amarilla, top 2 del servidor.”

—“Sí, exacto, soy la número... ¿quieres morir? ¿Te vas a quedar aquí solo?”

—“Ay, no se enoje, señorita top 2. Mantenga la sonrisa. A ver, ¡sonríe!”

Cordelia le dedicó una sonrisa irónica levantando el dedo del medio, y Yuder se aclaró la garganta antes de continuar.

—“Así que sí lo trajiste.”

—“¡Obvio! Me costó horrores esconderlo bajo la falda, ¿sabías?”

Movió ligeramente la falda para demostrarlo.

—“Sabía que podía confiar en ti, Tormenta Amarilla. Esa es mi chica.”

—“No soy tu nada. ¡Habla ya del plan! ¿Cómo vamos a llegar al sello desde aquí?”

Estaban vigilados por Maia y Dalia. No podían simplemente irse caminando.

Yuder se dio la vuelta y les dio la espalda a ambas. Luego susurró:

—“Fácil. ¿Ves ese acantilado?”

—“Sí, justo después del campo de flores.”

—“Vamos hasta allá. Luego tú me agarras y saltamos.”

Cordelia no se inmutó. Si Outboxer009 decía eso con mapa en mano, seguro había una ruta.

—“¿Hay un pasaje secreto o algo?”

—“No exactamente. Diez metros más abajo hay un camino escondido. Lo usaremos para llegar al sello.”

Yuder ya lo había confirmado en el trayecto.

Y sí, salvo por algunas diferencias, el terreno de este mundo coincidía con Crónicas del Héroe 2.

Solo un jugador podrido de vicio como él podría estar tan seguro.

—“¿Y si Maia y Dalia nos siguen?”

—“Esos diez metros las frenarán. Además, tengo un plan para eso también.”

—“¿Qué plan?”

En vez de responder de inmediato, Yuder se hizo el misterioso. Justo cuando Cordelia iba a soltar su clásico “¡mierda!”, él habló.

—“Primero, prométeme algo.”

—“¿Qué cosa?”

—“Que no vas a gritar ni golpearme después de escuchar lo que voy a decir.”

—“...A ver, dilo de una vez.”

—“¡Prometido!”

—“¡Sí, sí, lo prometo! ¿Qué es?”

—“Bueno pues...”

Yuder empezó a explicar en voz baja.

Un rato después, en el borde del campo de flores...

Yuder miró hacia atrás y le hizo una señal a Cordelia.

¡Es ahora!

Siguiendo lo acordado, Cordelia le agarró la mano. El gesto fue tan atrevido que Maia y Dalia se sobresaltaron. Pero aún faltaba lo mejor.

—“¡Corre!”

Ambos se lanzaron corriendo hacia el acantilado y saltaron sin dar tiempo a reaccionar.

—“¿¡Joven amo!?”

—“¿¡Señorita!?”

¡¿Qué carajos hacían esos dos, que ya estaban comprometidos, saltando por un maldito precipicio!?

Maia y Dalia llegaron corriendo al borde, y al verlos aterrizar sanos y salvos gracias a un hechizo de vuelo de Cordelia, suspiraron aliviadas.

—“¡Joven amo!”

—“¡Señorita!”

Ambas miraron a su alrededor, buscando cómo bajar.

—‘¡Justo como pensaba!’

Dalia no sabía usar el hechizo de vuelo.

Yuder apuró a Cordelia, que con la cara roja gritó:

—“¡Sólo quiero pasar un rato a solas con Yuder! ¡Volveremos antes de la cena, así que no se preocupen!”

—“¡Señorita!”

Dalia se alarmó, y Yuder volvió a apurarla.

—“¡Rápido! ¡Suelta la siguiente línea!”

—“¡No vamos a hacer nada raro! ¡Así que tranquilas! ¡Y-Yuder es todo un caballero!”

Con eso bastaba.

Después de todo, solo estaban Maia y Dalia presentes. El cochero del Conde Chase estaba durmiendo bien lejos.

Así, lograron alejarse sin levantar sospechas y también se justificaron... más o menos.

—“¡Vamos! ¡Rápido!”

Cordelia reaccionó de inmediato. Estaba tan avergonzada que quería enterrarse en un agujero.

Pasaron unos minutos más.

Cuando Maia y Dalia ya no eran visibles, Cordelia explotó:

—“¡Agh, joder! ¡¿Por qué yo?! ¿Por qué tuve que cargar contigo al saltar? ¿Por qué tuve que gritar eso? ¡Parece que yo soy la que te está acosando!”

Ella misma se horrorizó con sus palabras.

Yuder respondió con calma:

—“Como ya dije, tengo el síndrome de los nueve pulsos. ¿Cómo se supone que te cargue? ¿Cómo voy a acosarte? ¡Tendrías que ser tú la que me acose! Estoy enfermo, ¿sí?”

—“¡Ese maldito síndrome! ¡Siempre con el síndrome!”

—“Si me curo, te juro que yo te cargo. Y también te acoso.”

—“¡Estás enfermo de la cabeza!”

—“Sí, sí. Pero ya te desahogaste, ¿no? Vámonos, no tenemos mucho tiempo.”

Era poco probable que Maia y Dalia se quedaran esperando sin hacer nada. Tenían que terminar esto antes de que las dos las alcanzaran.

—“Haaah... Si te curas, te juro que te mato.”

—“Cuando me cure, hazme lo que quieras. Pero ahora, vamos al sello.”

—“Tú adelante.”

—“Síganme.”

Yuder observó brevemente el terreno, y empezó a avanzar con paso firme.

&

Fin del Capítulo 1 - Pléyades #4

1.8
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